hunger

Meg’s high-heeled slippers were very tight and hurt her, though she would not own it, and Jo’s nineteen hairpins all seemed stuck straight into her head, which was not exactly comfortable, but, dear me, let us be elegant or die.”

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I starved. In a house with the fridge full and the stove burning, I made the decision to starve. Well, yes, it was me, but everything around me took me there. As a fashion passionate, I realized that success was associated to small boobs and slim legs. In the picture, I am 18 years old and until not that far in time, I was missing that body. A roaring stomach, a collarbone as my introduction letter, an arm that I was able to encircle with a couple of fingers. Today, I was able to understand this time of my life with my best ally, the book ‘The beauty myth’ by Naomi Wolf. 

Everything happened after the second feminist wave in the 1960s. Western women realized that their house was their prison: being the perfect mother, the ideal wife, the devoted housewife lock them up in their own homes. The feminist movement became strong and, with it, women’s liberation came. Claiming rights, joining the labor market, expressing themselves freely. Meanwhile, the system was trembling. “An ideology that makes women feel ‘worth less’ was urgently needed to counteract the way feminism had begun to make us feel worth more,” says Wolf. After conquering rights in an economic, social and political levels, the feminists were more calmed and the system counterattacked. Female magazines stopped selling the best vacuum cleaner for you to become the dreamed housewife, now what mattered was you all empowered and your beauty. 

Time for diets, surgery and pornography came. An ideal of you was created based in your looks, and again we forgot your skills. The concept of beauty related to competitiveness and hierarchy. We, who we got to call each other sisters, became enemies. Comparison looks, murmuring for not being pretty enough or for being too much, envy towards images of unreal women hanging in Times Square. Wolf says that “dieting is the most potent political seductive in women’s history.” With less calories in our bodies, we are more emotional, passive and weaker. It’s not in our gender, these are the patriarchy weapons. In the 19th century, it was hysteria; at the end of the 20th, unattainable beauty. 

If you are not beautiful enough, you will not achieve love. If you do not achieve love, you can become invisible. Your beauty is momentary and you can check that around you. When you age, you do not have a place in the world. And that’s how we live until today. We turn the TV on and we see old men, handsome or ugly, accompanied by stunning young women who will be fired once their first wrinkle appears. Even if you get to scape from the ‘beauty myth’, when you turn your television on to see what is going on in the world, you verify first how is the world. Your beauty decides your future. 

The problem, says Wolf, is not that women decorate ourselves, lose weight or gain it, but the lack of decision ability. “To show off you gotta suffer.” (This is a very famous saying in Spanish). And that’s how we grow up, we change, we hate ourselves and we die. Trapped in this ‘beauty myth’, we will never be enough for the system because as long as we are worried about out appearance, we will stop fighting for our rights. “No matter what a woman’s appearance may be it will be used to undermine what she is saying and taken to individualize —as her personal problem—observations she makes about aspects of the ‘beauty myth’ in society.” (If you need any examples, check any feminist timeline in Twitter.) The critiques towards your looks are not personal, they are clearly political. Because this system could not survive if men and women were equally paid for the same job, and it is better to leave us crying in front of the mirror than valuing us. 

Oh, but how lucky we are to have each other. Feminism is a hug to an empty stomach. Today I can say that I starved and there will be some sisters’ voices saying ‘I starved too’, ‘I still starve’, ‘I don’t starve but I feel I should’. And that’s the biggest slap to the ‘beauty myth’, to hetero-patriarchal system. We listen to each other, we understand each other, we hug each other and we raise each other up. That 18-year-old little woman hugs her ribs today and the one I am today raises her first up screaming: “Hurrah for women!”

 

 

Yours faithfully,

little woman

 

 

 

Los zapatos de Meg, de tacones altos, le iban muy apretados y la lastimaban, aunque ella no quería reconocerlo; y a Jo le parecía llevar clavadas en la cabeza las diecinueve horquillas que sujetaban su cabellera, pero, ¿qué remedio?; había que ser elegante o morir.”

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Yo pasé hambre. En una casa con la nevera llena y los fogones encendidos, yo tomé la decisión de pasar hambre. Bueno, sí, fui yo, pero todo a mí alrededor me llevó a ello. Apasionada de la moda, veía que el éxito estaba asociado a unos pechos pequeños y unas piernas finas. En la fotografía, tengo 18 años y hasta hace poco más de tres días añoraba ese cuerpo. Un estómago que rugía, unas clavículas como carta de presentación, un brazo que lograba rodear con un par de dedos. Hoy, he podido comprender un poco más esa etapa de mi vida con mis mejores aliados, el libro ‘El mito de la belleza’ de Naomi Wolf. 

Todo ocurrió tras la segunda ola feminista en los años 1960. Las mujeres occidentales se dieron cuenta de que su casa era su cárcel: ser la madre perfecta, la esposa ideal, la ama de casa entregada les había encerrado en sus propios hogares. El movimiento feminista tomó fuerza y, con ello, vino la liberación de las mujeres. Reclamando derechos, uniéndose al mercado laboral, expresándose libremente. Mientras, el sistema temblaba. “Una ideología que haga a las mujeres sentirse que ‘valen menos’ era urgentemente necesaria para contrarrestar el hecho de que el feminismo nos había hecho sentir que valíamos mucho,” dice Wolf. Tras la conquista de derechos a nivel económico, social y político, las aguas feministas se calmaron y el sistema contraatacó. Las revistas femeninas ya no vendían la mejor aspiradora para convertirte en una as en casa, ahora lo que importaba eras tú tan empoderada y tu belleza. 

Llegó la época de las dietas, la cirugía y la pornografía. Se creó un ideal de ti basado en tu aspecto, y de nuevo olvidamos tus capacidades. Nació ese concepto de belleza ligado a la competitividad y a la jerarquía. Nosotras que nos llegamos a llamar hermanas, nos convertimos en enemigas. Miradas de comparación, cuchicheos por no ser suficientemente guapa o por serlo demasiado, envidia a imágenes de mujeres irreales estampadas en Times Square. Cuenta Wolf que “el régimen o la dieta es el sedante político más potente en la historia de las mujeres.” Con menos calorías en el cuerpo, somos más emocionales, débiles y pasivas. No está en nuestro género, son las armas del patriarcado. En el siglo XIX, era la histeria; a finales del XX, la belleza inalcanzable.

Si no eres suficientemente bella, no conseguirás el amor. Si no consigues el amor, puedes llegar a ser invisible. Tu belleza es efímera, y así lo compruebas a tu alrededor. Cuando envejeces, ya no tienes un lugar en el mundo. Y hasta el día de hoy vivimos así. Encendemos la televisión y vemos hombres viejos, guapos o feos, acompañados de jóvenes despampanantes que serán echadas con su primera arruga. Aunque tú logres escapar del ‘mito de la belleza’, cuando enciendes tu televisor para saber qué pasa en el mundo, constatas primero cómo es el mundo. Tu belleza determina tu futuro. 

El problema, dice Wolf, no recae en que las mujeres nos adornemos, perdamos peso o lo ganemos, sino en la falta de capacidad de decisión. “Para presumir, hay que sufrir.” Y así crecemos, cambiamos, nos odiamos y morimos. Atrapadas en este ‘mito de la belleza’, nunca seremos suficientes para el sistema porque mientras estemos preocupadas por nuestro aspecto, dejaremos de batallar por nuestros derechos. “No importa cual sea el aspecto de una mujer, será usado para socavar aquello que está diciendo y será tomado para individualizar —como su problema personal— las observaciones que hace sobre aspectos del ‘mito de la belleza’ en la sociedad.” Las críticas a tu aspecto no son personales, son claramente políticas. Porque este sistema no lograría sobrevivir si mujeres y hombres obtuviéramos el mismo salario por el mismo trabajo, y es mejor dejarnos llorando frente al espejo que valorarnos. 

Ah, pero que suerte que nos tenemos las unas a las otras. El feminismo es el abrazo a un estómago vacío. Yo hoy puedo decir que pasé hambre y saldrán voces hermanas que dirán ‘yo también la pasé’, ‘yo la sigo pasando’, ‘yo no la paso pero siento que debería’. Y ese es la mayor bofetada al ‘mito de la belleza’, al sistema heteropatriarcal. Nos escuchamos, nos entendemos, nos abrazamos y nos levantamos las unas a las otras. Esa mujercita de 18 años hoy abraza sus costillas, y la que soy hoy levanta el puño en alto gritando: “¡Vivan las mujeres!”

 

Tuya sinceramente,

mujercita

2 comentarios en “hunger”

  1. […] ¿El resultado? Entretenidas en estas discusiones, logramos la homogeneización de mujeres tremendamente diversas con varias luchas que ignoramos, porque no nos rozan, porque se salen de nuestra concepción orientalista de estas otras. Mientras nos acomodamos en este abismo de nosotras y ellas, caemos de pleno en una trampa que nos hace creer a pies juntillas nuestra supuesta liberación en Occidente. ¿Acaso a nosotras no nos oprime otro velo? “Mientras los ayatolás consideran a la mujer según el uso que haga del velo, en Occidente son sus caderas orondas las que la señalan y marginan”. Amén, compañera. […]

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  2. […] The result? Entertained in these discussions, we achieved the homogenization of tremendously diverse women with various struggles that we ignore, because they do not touch us, because they depart from our orientalist conception of these others. As we settle into this abyss between us, we fall squarely into a trap that makes us absolutely believe our supposed liberation in the West. Doesn’t another veil oppress us? “While the Ayatollahs consider women according to their use of the veil, in the West it is their round hips that point and marginalize her.” Amen, sister. […]

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