friends

Jo said, ‘I think she is growing up, and so begins to dream dreams, and have hopes and fears and fidgets, without knowing why or being able to explain them. Why, Mother, Beth’s eighteen, but we don’t realize it, and treat her like a child, forgetting she’s a woman”

I am one. And with me, just me. I love myself, I know myself, I admire myself, I encourage myself. Holding my hand, I have got to incredible places. With my own feet, I have reached the heaven that my heart designed for me and my head perfected. My fingers, with their nails devoured by anxiety, have written pure verses and prose naked of masks. My eyes have sunk themselves in books that have made myself. I am one, made to measure for myself.

The solitude of a house far from home has revealed me my best travel companion: myself. In the empty hours, I have got to find buried passions and I have insisted on unearthing them. I don’t fear stumbling because I know the fall is inevitable. That is why I want to fly hugged to a waist that has never been so happy.

Loving myself and getting myself off the ground in a society that blames me for what it is hidden under my belly, is one of my greatest achievements. Lecherous looks, the heart pounding wildly, my motivation wore down, four walls turned into refuge. Knowing my pain, caressing it and living it every day, despite being unable to describe it, have made that misfortune part of the reflection I am today.

The company of one of those authentic, pure friends, an accidental discovery and with kind of a lifesaver nuance. Nights made into life tails, about who we were, what we are, who made ourselves; longing to get home, to get to her, and burying ourselves in the couch. If the wind in my sail on the sea stays behind me, one day I’ll know how far I’ll go. And how far we’ll go, chasing dreams, lifting each other up, writing, in the brave attempt to learn from everything and from everyone.

You were the wind. Those breezes of empathy, push and affection that made the days more bearable. My boat sailed in the desert of a share lonesomeness. And you will go far, while I will admire you from the other side of the screen, with an immense smile that knows that what we have was lifesaver, it is a blessing.

Even having the wind in my favor, I won’t stop rowing. With the strength of weak arms, tired of covering myself from the bullets in their looks, I fixed myself. Left, right, left, right. Keep going, don’t stop. In order to go far, I have to sweat even though the water rises in my eyes. I will lick the salt on my lips before stopping to admire the heaven that my heart designed for me and my head perfected.

I.

With myself.

To myself.

Just me.

we turned into a beautiful and indivisible rock

Yours faithfully,

little woman

Jo dijo, ‘creo que Beth está creciendo y por eso comienza a tener sueños, esperanzas y temores, sin poder explicarlos. No te olvides, mamá, que Beth ya tiene dieciocho años, pero no nos damos cuenta y la seguimos tratando como a una nena, cuando ya es una mujer.’

Yo soy una. Y conmigo, sólo yo. Me quiero, me conozco, me admiro, me animo. De mi mano, he llegado a lugares increíbles. Con mis propios pies, he alcanzado el cielo que mi corazón diseñó para mí y mi cabeza perfeccionó. Mis dedos, con sus uñas devoradas por la ansiedad, han escrito versos puros y prosa desnuda de disfraces. Mis ojos se han sumergido en libros que me han hecho a mí misma. Yo soy una, hecha a mi medida.

La soledad de una casa lejos del hogar me ha descubierto la mejor compañera de viaje: yo misma. En las horas muertas, he logrado encontrar pasiones enterradas y me he empeñado en sacarlas a la luz. Ya no temo tropezar porque se que la caída es inevitable. Por eso, yo quiero volar abrazada a una cintura jamás tan feliz.

Quererme y sacarme adelante en una sociedad que me culpa por lo que se esconde bajo mi estómago, es uno de mis mayores logros. Miradas lascivas, el corazón a tres mil revoluciones, las ganas desgastadas, cuatro paredes hechas refugio. Conocer mi pena, acariciarla y vivirla cada día, pese a ser incapaz de describirla, han hecho de esa desdicha parte del reflejo que soy hoy.

La compañía de una de esas amigas auténticas, puras, un descubrimiento fortuito y con cierto matiz de salvavidas. Noches convertidas en relatos de vida, de quién fuimos, de qué somos, de quiénes nos han hecho ser; ansias por llegar a casa, a ella, y hundirnos en un sofá en silencio. If the wind in my sail on the sea stays behind me, one day I’ll know how far I’ll go. Y tan lejos nos iremos, persiguiendo sueños, levantándonos, escribiendo, en el valiente intento de aprender de todo y de todos.

Fuiste el viento. Esas brisas de comprensión, impulso y cariño que hacían los días más llevaderos. Mi barco navegó en el desierto de una soledad compartida. Y llegarás lejos, mientras yo te observé desde el otro lado de la pantalla, con una sonrisa inmensa de saber que lo que tenemos fue salvavidas, es una bendición.

Aún teniendo el viento a mi favor, no dejaré de remar. Con la fuerza de unos brazos débiles, cansados por cubrirse de las balas en sus miradas, me he recompuesto. Izquierda, derecha, izquierda, derecha. Sigue, no pares. Para llegar lejos, hay que sudar aunque el agua nazca en mis ojos. Me relameré la sal en mis labios antes de pararme a observar el cielo que mi corazón diseñó para mí y mi cabeza perfeccionó.

Yo.

Conmigo.

A mí misma.

Sólo yo.

nos convertimos en una preciosa e indivisible roca

Tuya sinceramente,

mujercita

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