on the other side of the sea

Jo’s eyes sparkled, for it’s always pleasant to be believed in; and a friend’s praise is always sweeter than a dozen newspaper puffs.”

We are different, and each one of us is a fight. On this side of the sea, we battle so our bodies become, that, ours, we battle to conquer presidencies, to leave home without fear. On the other side of the sea, first they want to leave the house. They are not oppressed by the long dresses that conceal their anatomy neither by the hijab which frames their faces (because it’s called hijab, it’s not a scarf). They are oppressed by the system, like us. But theirs, that’s right, is not like ours. That is why we are not going to save them. By no means indoctrinate them. We, I, are going to listen to them, to respect them and to not judge them. There are not many spaces on this side of the sea to tell you about them from friendly eyes, so I am going to use these lines to introduce them to you.

Bayan is a teacher, she teaches Arabic to foreigners but she dreams about spending all her hours with the smallest ones. A smile was sketched on her face when she was born and now, at her twenty four summers, there it is. All her life she has lived in a refugee camp and she talks about her land with the passion of victorious causes.

Isra speaks Korean and she traveled to Korea by herself. The first woman of her family to leave the country without anyone (a man) by her side! On the other side of the sea, there aren’t as many pioneers. Some day she will lead the international relations of her kingdom. We exchanged books and, when I left, she gave me a dreamcatcher.

Sima has a car that’s her biggest treasure because it is the carriage of any of her friends. The music playing at the volume only bearable to Arab ears, seven butts squeezed in a five-seats vehicle and the wealth of different languages between laughters. Sooner than later, her heart will come out from her chest in the shape of an orphanage.

Nour. Zooz. Ahlam. Dima. Walaa. Tuca. Zubayda. Her mothers, her sisters, her friends, her cousins, her classmates. I could tell you about all of them but I would need a whole book. They are you, they are me, they are your mothers, your sisters, your cousins. On this side of the sea, no one has ever seen them but they all seem to know them because they hide their manes and they talk to that Allah five times during their day.

I crossed the Mediterranean to look them in the eyes, beyond their faith. And they are all my own faith. I don’t know if someday they will introduce Allah to me, but, for now, on this side of the sea, they are my Goddess.

 

unnamed
some people are just doors for me.

 

Yours faithfully,

little woman

 

Los ojos de Jo brillaron, porque siempre es agradable ver que alguien tiene fe en nosotros y el elogio de un amigo es siempre más dulce que una docena de bocanadas de periódicos”.

Somos diversas, y cada una de nosotras es una lucha. En este lado del mar, batallamos porque nuestros cuerpos sean, eso, nuestros, para conquistar presidencias, para salir de casa sin miedo. Al otro lado del mar, primero quieren salir de casa. No las oprimen los largos vestidos que disimulan su anatomía ni el hiyab que enmarca su rostro (porque se llama hiyab, no es un pañuelo). Las oprime el sistema, como a nosotras. Pero el suyo, eso sí, no es como el nuestro. Por eso, nosotras no las vamos a salvar. Ni mucho menos adoctrinar. Nosotras, yo, vamos a escucharlas, a respetarlas y a no juzgarlas. Pocos espacios hay en este lado del mar para contaros sobre ellas desde ojos amigos, así que utilizo estas líneas para presentaroslas.

Bayan es profesora, enseña árabe a extranjeros pero sueña con dedicar sus horas a las más pequeñas. A su rostro le dibujaron una sonrisa cuando nació y, a sus veinticuatro veranos, ahí sigue. Toda su vida ha vivido en un campo de refugiados y te habla de su tierra con la pasión de las causas que vencen.

Isra habla coreano y viajó a Corea ella sola. ¡La primera mujer de su familia en salir del país sin nadie (un hombre) a su vera! Al otro lado del mar, no hay muchas pioneras. Algún día liderará las relaciones internacionales de su reino. Nos intercambiamos libros y, cuando me fuí, me regaló un atrapasueños.

Sima tiene un coche que es su mayor tesoro porque es el carruaje de cualquiera de sus amigas. La música al nivel de oídos árabes, siete traseros apretujados en un cinco plazas y la riqueza de la lengua entre carcajadas. Más pronto que tarde, su corazón saldrá de su pecho en forma de orfanato.

Nour. Zooz. Ahlam. Dima. Walaa. Tuca. Zubeyda. Sus madres, sus hermanas, sus amigas, sus primas, sus compañeras de clase. Os podría hablar de todas pero necesitaría un libro entero. Son , son yo, son tus madres, tus hermanas, tus primas. A este lado del mar, nadie las ha visto jamás pero todos parecen conocerlas porque esconden sus melenas, y le hablan a un tal Alá cinco veces durante su día.

Yo crucé el Mediterráneo para mirarlas a los ojos, más allá de su fe. Y ellas son toda la mía. No se si algún día me presentarán a Alá, pero, por ahora, a este lado del mar, ellas son mi Diosa.

unnamed
algunas personas son puertas para mí. 

Tuya sinceramente,

mujercita

 

3 comentarios en “on the other side of the sea”

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