mortal sin

Simple, sincere people seldom speak much of their piety; it shows itself in acts rather than words, and has more influence than homilies or protestations”

I plunge fully into my articles. I revel in the freedom of talking about topics that matter to me, that I report. I am fortunate. And that is how I feel but not just because of that but because I look around and I witness these problems. That they do not graze me yet. Then the big doubt intoxicates me: how worth is it to document it if that is not going to avoid its perpetuation?

I read, read, read. And I impregnate myself with reality. Fiction appears selfish. That is why in my journals there are no other invented stories than the ones that consume my bones. And I think: why all this consciousness-raising? Is taking action really a possibility? Ignorance is the sin I do not forgive. Privilege stings when injustice permeates everything. That is how I learn that crying for love is privilege when hunger tightens. That sleeping eight hours is a blessing when winter creeps up on. That writing… ¡writing! is a limited edition product while time keeps being finite. To be read is not just a fruit of my effort but of the nationality and class of the uterus I inhabited.

Choosing this profession with such a sensitive soul is daring the world which wants us impermeable. Keep picking it every day is unbalancing the foundation that holds me together. And even though I fall on my knees, I will raise my voice so that crystal trembles. After all these doubts are also a privilege. The biggest one.

 

yours faithfully,

little women

 

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i blossom

 

La gente sincera y simple rara vez habla mucho de su piedad; se muestra en actos en lugar de palabras, y tiene más influencia que las homilías o protestas “.

Me zambullo de lleno en mis artículos. Gozo de la libertad de tratar temas que me importan, que denuncio. Soy afortunada. Y así me siento aunque no solo por eso sino porque miro a mi alrededor y percibo esos mismos problemas. Que a mí aún no me rozan. Entonces me embriaga la gran duda: ¿de qué sirve documentarlo si eso no va a evitar su perpetuación?

Leo, loe, leo. Y me empapo de la realidad. La ficción se me presenta egoista. Por eso en mis diarios no hay más historias inventadas que las que reconcomen mis huesos. Y pienso: ¿para qué esta concienciación? ¿Se puede realmente pasar a la acción? La ignorancia es el pecado que no perdono. Y es que el privilegio escuece cuando la injusticia lo permea todo. Así aprendo que llorar por amor es privilegio cuando el hambre aprieta. Que dormir ocho horas es una bendición cuando el invierno acecha todo el año. Que escribir… ¡escribir! es un producto de edición limitada mientras el tiempo siga siendo finito. Y ser leída no es solo fruto de mi trabajo sino de la nacionalidad y la clase del útero que habité.

Elegir esta profesión con un alma tan sensible es desafiar al mundo que nos quiere impermeables. Seguir escogiéndola cada día es desestabilizar los cimientos que me mantienen en pie. Y aunque caiga de rodillas, alzaré la voz para que tiemblen los cristales. Al fin y al cabo estas dudas también son un privilegio. El mayor.

 

tuya sinceramente,

mujercita

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yo florezco

 

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