figures

Aunque fuese en su imaginación, vivía en un entorno nocivo, que la afectaba, pues tanto su corazón como su mente recibían alimentos poco nutritivos, incluso peligrosos, y aquel encuentro prematuro con el lado más oscuro de la vida, que siempre llega demasiado temprano para todos, había borrado demasiado rápido el rubor inocente de su propia edad.”

[…]

Ai, la libertad… Como la damos por supuesta cuando tenemos un pasaporte con una docena de estrellas. Me es imposible no cuestionarme constantemente qué va a ocurrir después de todo esto. Vamos a ser la generación post-coronavirus, post-confinamiento. Con todas sus consecuencias económicas, relacionales, de consumo… Pienso en mi profesión. ¿Cómo vamos a devolver el foco de interés a las otras después de este fenómeno global? Deseo con toda mi curiosidad que esto termine. Necesito saber qué va a ocurrir después con todas nosotras, pero sobretodo con todas ellas. Preparadas para cruzar el Mediterráneo, asustadas bajo las bombas en Idlib, hacinadas entre las llamas de Moria, hambrientas tras la cortina que las silencia en Yemen, confinadas como castigo de existencia en Gaza, afónicas por su último ocho de marzo en las calles libanesas e iraquíes. Mucho más aterradas que nosotras, aunque a la par que nuestras compañeras estadounidenses, por unos cuidados profesionales en manos del dólar. ¿Quién hubiera podido predecir que un virus asiático vendría a poner en jaque la crueldad capitalista? Si fuera una película de domingo por la tarde se llamaría la mortífera ironía. Y en esos lugares que han sido laboratorio del neoliberalismo más feroz, donde las fauces del colonialismo llevan décadas gozando de un festín de víctimas con total impunidad. A esos lugares ya no apuntan los focos.

Porque ahora somos nosotras quienes nos hemos convertido en cifras para sentarnos cada mañana a las once y media frente al televisor y escandalizarnos, ¡al fin! Ahora se mueren las nuestras y, confundidas, no sabemos hacia donde apuntar nuestros dedos. Y entre clases de zumba y directos de instagram, nos olvidamos de hacerlo. Ahora acatamos el recorte de libertades para pisar nuestras calles, comprar nuestros periódicos, visitar a nuestras mayores, y apenas lo cuestionamos. Para después entregar nuestro talento desinteresadamente porque solo el pueblo salva al pueblo. Esta crisis global nos ha puesto de cara al espejo para cuestionarnos enteras. Ya irreversibles son todas las dudas que han sentado en nuestras entrañas. Que sirvan de compromiso sincero, violento con las desgracias ajenas.

Desde este lado del mar, yo os pienso más que nunca. 

 

 

tuya sinceramente,

mujercita

 

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flores suicidas desparramadas sobre la cama

 

She was living in bad society; and, imaginary though it was, its influence affected her, for she was feeding heart and fancy on dangerous and unsubstantial food, and was fast brushing the innocent bloom from her nature by a premature acquaintance with the darker side of life, which comes soon enough to all of us.”

[…]

Oh, freedom… How much we take it for granted when we have a passport with a dozen stars. It is impossible for me not to wonder constantly about what it is going to happen after all this. We are going to be the post-coronavirus, post-confinement generation. With all its economic, relational, consumption consequences… I think about my profession. How are we going to bring back the center of attention to the others after this global phenomenon? I wish with all my curiosity for this to end. I need to know what is going to happen after with all of us, but specially with all of them. Ready to cross the Mediterranean sea, terrified under the bombs in Idlib, stacked up between the flames in Moria, starving behind the curtain that silences them in Yemen, confined as a punishment for existing in Gaza, hoarse after their last eight of march in the Lebanese and Iraqis streets. Much more frightened than us, in tandem with our American mates, because of professional care in the dollar’s hands. Who could have predicted that an Asian virus would corner capitalist cruelty? If it was a Sunday afternoon kind of movie, it would be called the lethal irony. And in those places that have been the laboratory for the most savage neoliberalism, where colonialism’s jaws have been enjoying for decades a victims’ feast with total impunity. In those places the spotlight has fled.

Because now it is us who have become figures that sit down every morning at eleven thirty in front of the television and get scandalized, finally! Now our people are dying and, confused, we don’t know where to point our fingers at. And between a zumba class and instagram live sessions of poetry, we forget to do it. Now we comply with our freedoms’ cutback to walk our streets, buy our newspapers, visit our elders, and we barely question it. Then we go and give up our talent selflessly because only the people can save the people. This global crisis has put ourselves in front of the mirror to question ourselves entirely. The doubts sitting on our guts are now irreversible. May they serve as a sincere, violent commitment with others’ tragedies.

From this side of the sea, I think of you more than ever.

 

yours sincerelly,

little woman

 

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suicidal flowers spilled over the bed

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