contradiction

No pretendo ser una experta, pero soy observadora y entiendo mucho más de lo que crees. Me gusta analizar la vida y las contradicciones de la gente porque, aunque no siempre las pueda explicar, me sirven de ejemplo para evitar cometer el mismo error.”

{Cuando obtengo conocimiento nuevo que resuena tanto con mi experiencia debo recogerlo en papel para que las ideas tomen forma y sentido. Mi constante inseguridad tratará de poner en evidencia mis crecientes aprendizajes. No debo permitirlo.}

Mi experiencia en Israel era una constante contradicción como lo es su propia existencia. El Estado judío nacía para ser hogar de una comunidad históricamente castigada pero, a su vez, en su desempeño personificaba la amenaza a otras. A muchas. Así, sus gentes construían una identidad nacional basada en su victimismo, en ser las eternas exterminadas. Tal vez ahí también estaba su trampa. Porque en ese rol de víctimas era imposible reconocerse como opresoras. (Es imposible.) Como mucho se confesaban como la mejor defensa en un ambiente hostil. Y cualquier crítica a sus políticas, a su manera de existir en definitiva, la maquillarán con una base religiosa que no existe tal que así. En un ausente antisemitismo reside la chispa que enciende su violencia.

Pero, ¿por qué? Siempre cuestioné por qué a ellos se les dio un Estado y el abrazo internacional. ¿Por qué no nos inventamos un hogar para los tutsi o los nativoamericanos o los rohinyás? Solía responderme, a mis combativos 21 años, que porque el pueblo judío era blanco. Ahora, a mis más leídos 24 —que no más sabios—, comprendo que la raza no es genética, que es un producto de la Historia, unas determinadas relaciones sociales. Que la pigmentación de sus pieles no fue su garante de una tierra prometida. El pacto va mucho más allá.

La Shoah fue el perfeccionamiento de todas las técnicas de destrucción vital cocinadas en las colonias africanas, americanas y asiáticas. Los profesores (indirectos) del nazismo eran bisabuelos de quienes conquistaron Normandía, de los que tomaron Berlín. Pero sus víctimas estaban lejos y su explotación traía opulencia a Europa. En cambio, los judíos morían a millones en un escenario modelo de la Modernidad. Y esa vergüenza no podía quedarse en el viejo continente.

Por eso la “solución final” se instaló al otro lado del Mediterráneo. Europa se lavaba la cara y se redimía del racismo mortífero que ella misma había cultivado en orillas atlánticas. El pueblo judío en un pacto con su eterno opresor se garantizó su existencia. Y la vergüenza de Europa le dio carta blanca histórica para mutar en un Estado letal. Bajo el ala del capitalismo que encarna su Historia y el aplauso del mundo entero, el pueblo judío firmó su eterna flota de guardaespaldas devotos de su protección. Así se explica la existencia de cárceles a cielo abierto, de muros de apartheid, de un pueblo olvidado y relegado a ser el eterno David, de un eco desgarrado que rebota entre cuchillos y checkpoints. Así se explica la perpetuación del silencio del mundo. Y de un sistema que acabó con sus abuelos para ahora aniquilar a sus vecinos. 

 

tuya sinceramente,

mujercita

 

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contradicción.

 

 

I don’t pretend to be wise, but I am observing, and I see a great deal more than you’d imagine. I’m interested in other people’s experiences and inconsistencies, and, though I can’t explain, I remember and use them for my own benefit.”

When I get new knowledge that echoes so much with my experience I need to put it down in paper so that ideas can make sense and take shape. My constant insecurity will try to embarrass my growing learning. I can’t let that happen.

My experience in Israel was a constant contradiction as it is its own existence. The Jewish State was born to become the home of a historically punished community but, at the same time, in its performance embodies a threat to others. To many. Thus, its people were building a national identity based on their victimhood, on being the eternal exterminated. Maybe there lies their trap. Because in that role of victims it was impossible to recognise themselves as oppressors. (It is impossible.) At most they confessed themselves as the best defence in a hostile environment. And any criticism against its policies, against its way of existing in short, it will embroider it with a religious base which doesn’t exist in that way. In this absent antisemitism lies the spark that lights up its violence.

But, why? I always questioned why they were given a State and the international hug. Why didn’t we invent a home for the tutsi or the Native Americans or the rohingyas? I used to answer to myself, at my combative 21 years old, that because the Jewish people were white. Now, at my well-read 24 —which doesn’t imply wiser—, I know that race is not genetic, that is a product of History, that is some specific social relations. That their skins’ pigmentation wasn’t a guarantee for a promised land. The pact goes beyond.

The Shoah was the perfection of all the techniques made to destroy lives, cooked in the African, American and Asian colonies. The (indirect) professors of Nazism were great-grandparents of those who conquered Normandy, those who took over Berlin. But their victims were far away and their exploitation brought opulence to Europe. Whereas, the Jews died in millions in a model scenario of Modernity. And this shame could not stay in the Old Continent.

That is why the “Final Solution” was installed on the other side of the Mediterranean. Europe improved its image and redeem itself from the deadly racism which it had been cultivating in Atlantic shores. The Jewish people through a pact with its own oppressor guaranteed its existence. And Europe’s shame gave it a historical carte blanche to transform in a lethal State. Under the capitalism wing that incarnates its History and the whole world’s applause, the Jewish people signed its eternal fleet of bodyguards devoted of its protection. This explains the existence of open-air prisons, of apartheid walls, of a forgotten people relegated to be the everlasting David, of a tattered echo that bounces between knives and checkpoints. This explains the perpetuation of the world’s silence. And of a system that finished their grandparents off to now annihilate their neighbours.

 

yours faithfully,

little woman 

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contradiction. 

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