eyes on us

Women work a great many miracles.”

Objectified. Disrespected. That’s how every look makes us feel. Are we people? Not for them. With our arms enjoying the sun, our hair flying around, and our head high, yet all those eyes fixed on us. Women constantly have to deal with more difficulties with each step they take in life, and living in an Arab society keeps reminding you of that.

The first days are a shock. You are not simply getting used to a new place, missing your relatives and the comfortability of a home, but everywhere you go, you have to deal with all these eyes fixed on you. You try to cover your skin, show as little as possible in order to not be disrespectful to their culture (even with weather around 40º), but every effort ends up being useless. Sadly, things are just a little bit easier when there’s a man walking by your side.

Even though the previous experience in an Arab environment and a whole process of raising self-awareness, it keeps being difficult. While the days pass, you learn to build a wall around you, to look straight and ignore any word (because luckily you still can’t understand them). But there’s some acts that suddenly, break you and your positive attitude down. Like that day that I was in a gym asking for information and the guy thought that my white face and my unveiled hair were giving him the freedom to ask me if I have sexual relations with my boyfriend. Or that other day when a distracted me walked out of the elevator and a man grazed my boob, only to laugh with his friend. It’s in moments like these that I keep my head high, even if my eyes are ready to sink.

Amman is where I chose to be, it is where I placed all of my hopes and dreams. The fact is, I realize more and more that I am but a guest in this country. I see these things as wrong because I’ve realized the hardship we as women face in Europe are nothing in comparison. We have fixed these problems where I come from (though we still have a lot to deal with), but I am not here to give moral lessons. Yes, I’ve been harassed, looked at, disrespected and that’s not right and I’ll continue to fight it. Even if the way to do it is putting a fake ring on my finger, to tell them that there’s already a man that owns me.

If I am dealing with these problems, I can’t imagine how difficult it would be to have been born as a woman in this society. They respect you more in the streets, they don’t stare at you and they don’t dare to touch you. But you face a conservative society in every moment of your existence. Your place is at home, with the kids and the house. You might study, but most won’t work when they get married, because that’s all you have, a ring on your finger, you’ve reached your goal in life.

Let’s keep in mind that we’re talking about Jordan where things are pretty good compared to other Middle Eastern countries. Here, women can study and women can work. Specifically women in Amman, who are in contact with expats where they sense a not-as-misogynistic society. A couple of months ago Jordan revoked the law that let a rapist marry his victim in order to escape punishment; a huge victory. In the end, most women I encounter still desire to find a man, marry and stay home. Through my first month of being here, I have only begin to understand why. The disrespect and objectification given to any woman who doesn’t fit into the mold of what men desire is not an easy life to choose.

There’s so many little things about my life that I never realized weren’t normal in a place like this. For example, the fact of having male friends and going to grab coffees or just texting them is not the norm here. Your social life is very limited and it ends after it gets dark. Don’t ever think of being on the streets alone when there’s no light to protect you.

But the most effective protection comes by sticking together. Talking about it would help us learn how to face this inequality and this differentiated treatment. Using words, my best weapon, is my way to contribute to this fight. In the meantime, I’ll keep searching for comrades who want to work together in pursuit of a more unified and forward thinking future. Let’s start holding hands or at least, exchanging glances.

 

Yours faithfully,

little woman

 

 

 

 

Las mujeres obran muchos grandes milagros.”

Cosificada. Objetificada. Sin merecer respeto alguno. Así es como nos hace sentir cada mirada. ¿Somos personas? No para ellos. Con nuestros brazos rozados por el sol, nuestro pelo al viento, y nuestra cabeza alta. Aún así, todos esos ojos puestos en nosotras. Las mujeres constantemente deben enfrentarse a mayores dificultades en cada paso que dan en su vida, y vivir en una sociedad árabe te lo recuerda a cada instante.

Los primeros días son un choque importante. No sólo te estás intentando acostumbrar a un nuevo lugar, añorando a tus seres queridos y la comodidad del hogar; además, a cualquier lugar que vayas, te enfrentas a un ejército de pupilas clavadas en ti. Tratas de cubrir tu piel, enseñar lo menos posible para evitar ser irrespetuosa con su cultura (pese a los 40º de temperatura) pero cualquier esfuerzo acaba siendo inútil. Tristemente, suele resultar un poquito más fácil cuando un hombre camina a tu lado.

Pese a la experiencia previa en un entorno árabe y un proceso de autoconcienciación, continúa siendo difícil. A medida que los días pasan, aprendes a construir un muro a tu alrededor, a mirar hacia adelante e ignorar cualquier palabra (porque afortunadamente, de momento, no las entiendes). Pero hay ciertos actos que de repente, te azotan y te dejan tirada en el suelo, a ti y a tu actitud positiva. Como aquel día que estaba pidiendo información en un gimnasio y el chico encargado de dármela se creyó que mi rostro blanco y mi pelo descubierto le estaban dando la libertad de preguntarme si mantengo relaciones sexuales con mi novio. O aquel otro día en qué una yo distraída salía del ascensor cuando un hombre rozó mi pecho sólo para echarse unas risas con su amigo. Es en momentos como esos que mantengo mi cabeza alta, aunque mis ojos están listos para naufragar.

Amman es dónde he escogido estar, es dónde he depositado todos mis sueños y esperanzas. Aún así, tengo presente que soy solo una invitada en este país. Veo lo que está mal porque he vivido lo que está bien. Hemos arreglado estos problemas en el lugar de donde vengo (aunque aún tenemos mucho que batallar), pero no estoy aquí para dar lecciones morales. Sí, he sido acosada, devorada con la mirada, faltada al respeto y eso no está bien y voy a continuar luchando contra ello. Aunque la forma de hacerlo sea poner un falso anillo en mi dedo, para que sepan que ya hay otro hombre que me posee.

Si yo me encuentro con estos problemas, no me puedo imaginar cómo de difícil debe ser haber nacido mujer en esta sociedad. Te respetan más en las calles, no te miran fijamente y ni se atreven a tocarte. Pero te enfrentas a un entorno conservador a cada momento de tu existencia. Tu lugar es en casa, con los niños, la cocina, limpieza y demás. Puede que llegues a estudiar, pero probablemente no trabajarás después de casarte, porque ya está, ya tienes un anillo en el dedo, has alcanzado tu objetivo en la vida.

Tengamos presente que estamos hablando de Jordania donde la situación está bastante bien comparada con otros países de Medio Oriente. Aquí, las mujeres pueden estudiar y pueden trabajar. Especialmente en Amman, las mujeres de clase media o alta están en contacto constante con expatriadxs quiénes han vivido en una no-tan-misógina sociedad. Hace un par de meses, por ejemplo, Jordania derogó la ley que permitía al violador casarse con su víctima con tal de evitar el castigo; una gran victoria. Aunque al final, la mayoría de mujeres con las que me he topado aún desean encontrar a un hombre, casarse y quedarse en casa. Durante mi primer mes aquí, he empezado a entender por qué. La falta de respeto y la objetificación a la que se ven expuestas a diario las mujeres jordanas que no encajan en el modelo de lo que los hombres desean no es un camino fácil a escoger.

Hay tantas pequeñas cosas en mi vida que nunca me había dado cuenta de que no eran normales en un lugar como este. Por ejemplo, el solo hecho de tener amigos hombres e ir a tomar cafés o mandarse mensajes no es una posibilidad aquí. Tu vida social es muy limitada y toca a su fin cuando oscurece. Ni se te ocurra pensar en estar en la calle cuando no hay luz que te proteja.

Pero la protección más efectiva surge al mantenernos unidas. Hablar sobre ello nos ayudaría a aprender como enfrentarnos a esta desigualdad y este tratamiento diferenciado. El uso de las palabras, mi mejor arma, es mi forma de contribuir a esta lucha. Mientras, seguiré buscando compañeras que quieran trabajar juntas para conseguir un futuro más unido y positivo. Empecemos por tomarnos las manos o, al menos, intercambiar miradas.

 

Tuya sinceramente,

mujercita

3 comentarios en “eyes on us”

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